Quiero perdonarme por este capítulo interrumpido. En el sentido estricto, todavía estuve demasiado tarde: algunos minutos después de medianoche. Espero que no sea problema que el capítulo no es completo, pero la parte que he subido ahora ya vale por 5 páginas en OpenOffice, y tengo la impresión que esto ya es mucho mas que lo expectado. Al menos, es mucho más de lo que he visto en los blogs de mis compañeros. Subiré la otra parte cuando lo termino, pero como empiezan mis examenes, esto probablemente será después de ellos.
Nunca era mi idea continuar con ese blog – me aparece hipócrita no estar interesada en blogs de otros, y expectar que otros se interesaran en el mío. En los cuatro meses que estaba escribiendo ese blog, una persona ha mostrado interés en la historia – específicamente en el concepto del velo. Entonces para esta persona, quiero ver si puedo subir el resto del relato. Lo tengo todo planeado, tengo ocho capítulos previstos y es mi intención escribirlos, porque mi intención en elegir esta asignatura de Escritura Creativa era siempre poder terminar una historia por la primera vez. Y si llego a terminarlo antes de que se me ocurre otra historia para nunca terminar, y si no olvido que existe este blog, lo subiré. Pero ahora voy a concentrarme en los exámenes; ahora que de hecho he cumplido todo lo que se tuvo que hacer para esta asignatura, ese blog pierde la prioridad. Pero voy a ver si puedo cumplir la historia también.

Apología de Pérdida de Atención

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Trabajo Final: La Caza del Zorro – Parte I

Bueno, aquí está mi trabajo final, el segundo capítulo – no está completo, solo necesito escribir el fin, he casi terminado… Pero como el trabajo final, como he oído hoy, tiene que estar aquí en el blog hoy el 9 de enero, y como el capítulo está muy demasiado largo de cualquier modo, voy a subir la parte primera aquí y el parte segundo después. Disculpad.
Vamos.

Era un día de otoño como cualquier otro. Las hojas de los árboles ya empezaban a pintarse para su primer y último baile con ese amante tan inaprensible, el viento. Hacía justo demasiado calor en el sol, justo demasiado frío en la sombra, y el aire húmedo daba efectos como cortinas entre las dos zonas. Incluso después de vivir aquí por siete años, todavía me hacía sonreír.
El bus llegó a la parada a las nueve y media, me bajé y empecé a andar en la dirección de mi casa. No miré el entorno porque ya conocía cada detalle – de modo que cuando oí la tirada, surgieron mis instintos de cierva. Cambié mientras me puse de cuclillas para ver de donde venía el peligro. Era por esto que vi a la persona que aparentemente había sido el blanco, y que ahora estaba apoyado contra el bus, la cabeza justo abajo de las ventanas, una mano sujetando firmemente el hombro opósito. El dolor y el miedo le habían hecho cambiár a él también, y me sorprendió ver que era un zorro. Sin pensar más, porque el tirador todavía estaba por allá, me escondí con él al lado del bus. Él me gruño.
“No te preocupes, no voy a dañarte.” dije, intentando mirar por las ventanas para localizar el tirador. Ahora que el primer miedo había pasado, yo volví a mi forma humana.
“¿Una ninfa? ¿Aquí en Europa?” preguntó el zorro, todavía en su forma verdadera y todavía gruñendo por el dolor. Me pregunté si lo que oí en su pronunciación era un acento o simplemente el dolor.
“Y tú, me imagino, vienes de la Resistencia. Me pones en serio peligro, amigo. Qué criatura es esto?”
“Un Draugen. Lo siento; si había sabido…” Se calló de repente y tenía la impresión de que no podía tomar aire.
“Déjame ver esto.”
“No es el momento.”
“Si vas a morir aquí nunca va a haber momento. Déjame ver.”
El zorro se quitó el abrigo y me volvió la espalda; yo no era doctor, pero esa bala probablemente le había perforado el pulmón – en otras palabras, se estaba ahogando en su propia sangre.
Otra tirada vino por abajo del bus y casi me tocó el pie. Tomé una decisión.
“Yo sé adónde ir, pero vas a tener que correr hasta al fin de esta calle, ahí.”
El zorro miró por un momento y asentó con la cabeza. Le avisé qué hacer:
“Entra en el bosque. Tú vas primero. En tres.”
“No. Venga. Ahora.”
Y sin decir más, empezó a correr, y yo seguí. Por un instante miré atrás y vi una mancha negra contra las casas claras, un negro que me hizo doler los ojos y que casi me hizo parar. Una mano me agarró el brazo.
“¡No mira! ¡Venga!” Dijo el zorro, y me arrastró hasta que volví a correr. Cambié en mi forma de cierva para activar mis reflejos al máximo, pues el Draugen nos tiró algunas veces más.
Casi habíamos alcanzado el bosque cuando el zorro tropezó y se cayó. Le alcancé y intenté tirarle conmigo, pero él se negó a mover.
“No hay uso, el bosque no va a bastar contra este monstruo.”
“No es el bosque nuestro objetivo, pero podrás reposar. ¡Ven!”
Él tosó y escupió sangre. Sonó un tiro, yo me contraje instintivamente, pero me dió en la mano.
No llegué a reprimir un grito salvaje; por un instante el dolor paralizó mis músculos, y me dobló las rodillas. Sonó otro tiro; solo mis reflejos me salvaron la cabeza. Me cogieron dos manos y me tiraron hacia atrás. Volví a ponerme de pie, sujetando la mano contra la vientre con la otra, y corrimos – y llegamos los árboles.
Me dirigí al fresno más cerco.
“Ven,” Mandé al zorro, y le puse con la espalda contra el tronco del árbol. Entonces puse mi propia mano sana.
“Hermano Fresno, por favor ayúdanos y protégenos, pues una mala fuerza nos está persiguiendo. Dános tu fuerza, te lo ruego.”
Me rellenó una energía calma y purificante. Me abandonó el miedo, y en su lugar se despertó mi seguridad anterior. El árbol no pudo hacer mucho contra el dolor, pero me dió sus hojas. El fresno, árbol de protección contra el mal, unió sus fuerzas con las de sus hermanos por todo el bosque y creyó una red de escudos de energía. No iba a parar el Draugen, pero lo retrasaría.
“Good God… Lo haces tú?” Preguntó el zorro muy sorprendido. Ahora entendí por qué su español era tan malo; de verdad había sido un acento.
“You’re english. I should have known.”
Se sorprendió aún más.
“¿Tú hablas inglés?” preguntó en su propia lengua, en la que respondí yo.
“Mi madre me lo ha enseñado cuando era muy joven. Además, tengo amigos anglófonos por el internet. Viva Facebook. ¿Cómo estás?”
“Mejor. No entiendo, ¿cómo has hecho esto?”
“Yo no he hecho nada, lo hizo el árbol. El fresno protege contra el mal. Los árboles van a protegernos; pero necesitamos continuar. No es mucho más allá.” Le di algunas hojas. “Toma éstos en la mano hasta que estamos seguros, o los escudos te van a chupar la energía. Ahora, ven.”
Como incluso con la ayuda de los árboles él no pudo correr, andamos lo más rapidamente posible. Sonaron más tiradas, pero no me asustaron. Ésto era territorio mío, y el Draugen, criatura de campo y hielo, tenía la desventaja. Aquí, yo era más fuerte.
Llegamos al lado del bosque dónde había una serie de jardines, cada un con una puerta al bosque. Elegí una que conocí bien, la abrí y entramos los dos. Pasamos por encima de un césped con un platabanda a cada lado. Lo único que todavía estaba en flor eran las rosas en un rincón. Procedimos hacia la casa , la pared cubierta con parra virgen que ya mostraba los primeros toques de rojo.
Entramos por la puerta trasera. Como mi compañero tenía aspecta cadavérica, le hice sentarse en una silla en la cocina mientras yo llamara el habitante de la casa: el doctor Fabio Goncalves de Oliveira. Era un veterinario, pero era lo mejor que tenía, y lo más cerca – y era buen doctor. Le encontré en su consulta, examinando un conejo con un ojo infectado. Di unos golpecitos contra el vidrio de la puerta y le hizo señal que no tenía mucho tiempo.
El doctor habló un poco con la mujer y la niña de 9 años que le habían traído el conejo, escribió un prescrito, y les hizo salir. Después abrió la puerta y me preguntó qué pasaba.
“Tengo un hombre derribado, Fabio. No sabía adónde ir…”
“¿Derribado? ¿De una bala?” Por sorpresa perdió el control sobre el velo, justo por un instante, y vi a su cara de mono que me gustaba tanto; en otra situación me hubiera hecho sonreír. El doctor me siguió hasta la cocina, dónde el hombre zorro había perdido el conocimiento. Fabio inmediatamente se arrodilló a su lado para ver la herida, y después me mandó ayudarle poniéndo el hombre sobre la mesa de cocina; la mesa de consulta era demasiado pequeño.
Acabamos de encaramarle cuando él empezó a recobrar el sentido; cambió y empezó a gruñirnos. Fabio se asustó y se retiró rápidamente en el rincón.
“¿Un zorro? ¿Me traes un zorro herido? ¡Deus meu, Isabela!”
“No te preocupes, Fabio, es un amigo,” le respondí. Me giré al inglés.
“Hey! Calm down, we’re trying to help you.”
De repente se sentó recto. Puramente por instincto me agarró las dos muñecas y acercó el hocico a mi cuello. Yo cambié y conseguí poner una de mis manos contra su pecho. Fijé mis ojos en los suyos.
“Quiet!”
Se paró. Me miró por unos instantes y vi que le volvió el conocimiento. Sin decir palabra, se acostó, aunque no se convertía.
“Fabio, ven. Ahora es seguro.”
“Oh, sí, un zorro herido, seguro, vale, ya pensaba que lo había visto todo…” murmuró el veterinario, todavía temoroso y de tono un poco engañado. Pero se acercó de nuevo.
“Quiero que cambie.”
“Eso es por el dolor, Fabio. Por favor.” Dije yo, pero con el rabillo del ojo veía que el zorro, con un gran esfuerzo, se apoderó del velo.
“Por favor,” dijo él, apenas audible, “ayúdame.”
El veterinario me miró a mí. Le miró a él. Y me contó dónde en su despacho encontrar la ketamina.

Mariposa de Invierno

Otra elucubración, esta vez de hace dos semanas. Eso es tanto ‘página automatica’ que entrada de diario, que para mí casi no hay diferencia entre estos dos.

Esto no era la intención.

Siempre he dicho que no iba a enamorarme aquí, porque tendría que volver a Bélgica y no quería romperme el corazón por 5 meses o menos. Pero como me han contado docenas de mis amigos, familia, compañeros y profes, pueden ser los 5 meses más importantes de tu vida…
Pienso en él en los momentos más ridículos del día. Por la noche, por la mañana, en la calle, durante una clase aburrida – durante una clase interesante – cuando hablo con amigos, cuando veo alguien en la escuela que tenga nada más que su color – cuando encuentro alguien de su parte del mundo. No sé qué es; ¿podría ser simplemente deseo?
Le deseo, esto lo sé. Por la noche recuerdo sus besos, en el día su bailar. Vale… no importa qué hora es, recuerdo ambos. Cuando me besa, yo quiero más, pero no sé cómo darselo a entender. ¿Es ésto bastante? Por un lado espero que no lo es. Que solo es deseo. Porque todavía no quiero tener que abandonarle en febrero, si me va a doler tanto como describen las películas y los libros. Por otro lado… he esperado el amor por cinco, seis años. Sé que no es mucho, cinco años – hay gente que espera diez, o veinte, o más. Pero como yo solo tengo veinte años, sí es un cuarto de mi vida. Para mí, esos cinco años son muy mucho tiempo. Sé que vienen más, probablemente. ¿Importa? Siente bien. Pienso en él y sonrío. Cuando recuerdo sus besos, me lata el corazón. Deseo, amor – yo no sé la diferencia. Ahora, lo único que yo sé es que sienta bien, que no quiero que termine. Que no quiero volver en febrero, al menos no en este momento, si volver significa nunca volver a verle. Eso es lo que pienso yo.
¿Pero qué piensa él?
Me saluda con dos besos sobre las mejillas – típico aquí, solo cortesía (aquí porque en Bélgica, de donde vengo, son tres). Se despide con el tipo de besos con los que sueño. Baila conmigo, pero no únicamente – y puede ser por mi punto de vista mucho menos que experta, pero no veo diferencias. De cada persona a la que hablo sobre él, recibo diferentes opiniones, ideas, aún consejos: está jugando contigo; estoy tan feliz por tí; acuéstate con él; no lo hagas; ten cuidado; mucha suerte; tómate el tiempo. Pero si yo no sé qué quiero yo, ¿incluso importa qué quiere él?
Le deseo. Ésto lo sé. Y sé que me besa y me vuelve a besar, y que me encanta esto. Y si algo pasa, bien. No sé si voy a poder hacerlo; posiblemente no dudaría si no hubiera leído tantos libros, o visto estas series para adolescentes dónde alguien ‘no puede hacerlo’, las películas americanas en que la chica cree que ‘eso va demasiado rapidamente’ y entonces su padre o Big Momma viene rescatarla. Si no hubiera recibido estos consejos tan típicos de padres o amigas más versadas: “espera el principe azul”, “no te des a otro”, “tiene que ser especial”… Vale, ¿por qué no podría ser especial sin este fantasma del ‘principe azul’? Los humanos no son hechos para solo un@. Te quita el amor, encontrarás otro, si te das la oportinudad a tí mism@. Eso lo creo inquebrantablemente (hacia ahora). Y duele romperte el corazón, y me da miedo. Me da miedo el desconocido. Pero si voy a esconderme detrás de este miedo, nunca podré vivir de verdad.

Si algo pasa, que pase. Estoy esperando (¿Hope? ¿Wait? ¿Both? Take your pick). Estaré paciente. Si pasa nada, mala suerte. Lo veremos.

La Queja Eterna

Esto es un discurso que he escrito hace más o menos un mes, en el inicio de noviembre. Tengo algunos otros que voy a colgar juntos ahora, porque no he tenido el tiempo o no sabía si era algo que quería colgar… Pero como eso es Erasmus y nadie ya va a conocerme en un año, me dije a mí misma, por qué no.
Vamos.

Quiero perdonarme de antemano: aquí sigue otra queja. Si no le interesan quejas, como a mí no me interesan las quejas de otros, no lo lees. Es que la intención de este blog es unir todo lo que escribimos, y como a veces necesito escribir lo que está dentro de mi mente para no ahogarme, las quejas también escribo.
Ves, no entiendo. Ese español, aunque he estado aquí en Alcalá por dos meses ahora, no lo entiendo. Sí, cuando me fijo en cada palabra que dicen los profesores, que tienen que hablar más lentamente y claramente por profesión, entonces entiendo la mayor parte. Pero en cuanto empiecen a hablar mis colegas, los otros estudiantes – los estudiantes españoles – me pierdo. Cuando se invita un autor para hablar sobre su trabajo, o algo, no sé que, me pierdo. No soy el tipo de persona que salga, entonces cuando lo hago es con la gente que conozco – la gente de la casa en la cual vivo, que son todas estudiantes de Erasmus. Y naturalmente la gente que conocen ellas – que son también casi todos estudiantes de Erasmus. En la casa hablamos español, sí. Pero no tenemos nada o nadie para corregirnos, excepto nosotras mismas. Vine aquí para tener contactos con españoles… pero no me atrevo tentar hablar con mis compañeros de clase porque yo nunca sé qué decir. Sobre qué habla la gente? Yo no sé sobre qué habla la gente en Bélgica, mucho menos la en España, y cómo empezar?
De esta manera, había podido quedarme en casa…
Bueno, venir aquí me ha venido de miedo, he aprendido muy mucho… sobre vivir sola. He aprendido qué son los primeros asuntos que tienes que arreglar cuando llegas en un lugar no conocido (mapa, supermercado, doctor – y para un Erasmus, asignaturas). Y sí, creo que mi español debe de haber mejorado algo. Pero después de dos meses – y dos años antes de esto para aprender vocabulario y practicar la gramatica – después de dos meses, siempre tengo que buscar mis palabras, siempre tengo que buscar otras maneras de expresar lo que quiero porque no encuentro una estúpida palabra. No va bastante rapidamente, estoy tan lenta… No es el hacer faltas que me molesta, porque es normal hacer faltas. También es normal no conocer todas palabras, lo sé, pero es tan frustrante hablar como una niña – yo estoy acostumbrada a usar tan altas niveles de neerlandés cuando lo necesito, cuando sé encontrar razón alguna, tan altas niveles de inglés aunque no es mi lengua materna, mi francés antaño le sorprendió a una verdadera francesa porque usaba estructuras de las que ella no sabía que existían. Pero desde el inicio de este… esta queja, sí… he tenido que usar mi diccionario 7 veces. Siete. Por un discurso tan simple, con palabras tan cotidianas, siete veces. ¡Qué vergüenza!
¿Me estoy comportando como una niña? ¿Una ‘drama queen’? *suspira* Lo creo. No me gusta hacer esto. Normalmente no la dejo saber a otra gente porque esto me da verguënza también. Qué excusa tengo yo, qué derecho, para comportarme como si el mundo se va a destrozar… ‘first world problems’ como lo llaman en el internet. Yo? Yo estoy como las propias rosas. Tengo ropa, comida, un ordenador, una casa en que vivir, estoy estudiante de una universidad – en España. Tengo tantas cosas por las cuales estar agradecida. Me doy cuenta de cuanto suerte tengo. Y esto es casi siempre la idea con que termino mis entradas de diario; porque pese a todas las pequeñas cosas que no son perfectas en mi vida, y pese a toda esta gente que aparece tener todo arreglado, sé también que hay muchas, muchas más personas cuyas vidas son tanto peores que la mía y que ríen y bailan y cantan todo el día. Entonces yo también canto – no sé bailar, pero yo también me alegro, porque tengo tanta suerte. ‘la vita é bella’, la vida es buena. Este español… vendrá. Y si no venga, bueno, tengo que volver. O tengo que finalmente hacer acopio mi valor y hablar con alguien. Va a ser una catástrofe, pero habré hablado con alguien…

Siguiente Deber: Corrección y Comentario

Último deber:
– Relee tus propios… colgajos? y corrígelos – check, aunque esto no significa nada; probablemente he hecho más faltas ahora de lo que tenía antes.
– Personaliza to blog – para mí, personalmente, no necesito más personalizar de ésto. He visto blogs de los otros que tenían música; yo he tentado de leer lo que habían escrito mientras sonaba la música, y cada vez lo he apagado, porque no me pude fijar sobre los textos. No es que no puedo leer con música, pero tiene que ser la música apropiada – no para la historia, pero para leer. Música que no agarra la atención. Entonces, en parte porque no sé cómo hacerlo, pero mucho más porque no creo que es necesario – incluso creo que es inoportuno – yo no tengo música.
Fotos? He colgado fotos cuándo era necesario: fotos de las escritoras, del entorno que describí. No voy a poner fotos de mí; en el blog no se trata de mi, se trata de la historia. No tengo imágenes de ella porque no sé dibujar y no puedo sacar fotos de lo que pasa dentro de mi mente – lo que tampoco es muy claro visualmente. Pueden fotos añadir valor? Cuando yo creo que sí, los usaré. Pero si el sujeto del blog es el escribir, por qué enfocarse en más del escribir?
– Lee los blogs de tus compañeros y responde sobre ellos – bueno, he leído los blogs de los otros, pero yo tengo que haber algo mal entendido, porque casi todos los otros tienen un blog de Blogspot. Y no me molesta, puedo leerlos; problema es que aparentemente, sin ser registrada en este sitio, no puedo responder a los otros. Entonces lo único que puedo hacer es responder aquí.

Lo primero que me salta a la vista es el realismo. No el estilo, pero el hecho de que tanta gente escribe cosas ‘reales’; gente ordinaria (o extraordinaria pero siempre gente, humanos, no talentos imposibles, ni siquiera talentos completamente humanos un poco amplificados). Hay una persona que escribe sobre un héroe sin nombre, pero por qué es un héroe, ya no se ha escrito, sospecho. Una sonrisa con la idea de ‘freaking out porque no sabes qué ponerte’; yo apenas conozco el sentido. No porque tenga este vestidor tan perfecto, sino porque no me importa. Pero interesante, una chica Pinocho. Una persona cuenta la historia ‘El Monte de los Ánimas’ de Bécquer en el día de Samhain (alguién que conoce el nombre verdadero!) y que tiene un contador de visitadores un poco horripilante (‘han pasada por la encrucijada del árbol…’¿? ¿Es esto parte de una historia o algo?). También, un personajes que puede ver a… ¿algo? ¿Espíritus? Y un poco gothic. Sí, sé quién es esto…
Qué más… hay una persona que ha usado la misma historia para dos diferentes deberes – y con la misma foto de un entorno que todo el mundo ha elegido. Sí es interesante ver las diferentes cosas que hacen con la foto, pero hay siempre las mismas cosas que vuelven, también en mí interpretación: las coches que se mueven como hormigas en una columna, y la gente, los transeúntes que son ciegos por su entorno, absorbidos en sí mismos, cada un con un lugar al que llegar. Es una imagen universal, creo, que nos hemos formado de la ciudad.
Un blog que empieza con nada que música, pero que tiene una cita muy interesante: “Leer, leer, leer. Seré lectura mañana también yo? Seré my creador, mi criatura, seré lo que pasó?” de un ‘M. Unamundo’. Probablemente viene de una poema, pero hombre, qué idea tan maravillosa… y al mismo tiempo triste, creo, ‘ser lo que pasó’. Las historias son de una manera siempre lo mismo; las palabras no cambian. Pero sí cambia lo que aprende de ellas cada lector individual; es la imaginación de cada persona que reinventa una historia cada vez que alguien empieza a leer el libro. Otro profesor de la universidad cree que los libros van a desaparecer por las nuevas maneras de contar una historia, con los medios de comunicación; que se va a ‘reinstituir’ el contar de cuentos. Yo creo que no, específicamente por esto: cuando se cuenta una historia, hay mucho menos ‘espacio’ para imaginar, porque el contador tiene que hacer todo claro con expresiones, con lenguaje del cuerpo… Pero con un libro, la imaginación está libre.
Y aquí hay una persona que escribe sobre la miseria – y hace sus respuestas a las preguntas del ‘biblio de personaje’ de verdad muy cortitas y simples. Pero esto puede ser porque sobre la vida de este chico no hay nada más que decir. El blog con el nombre amusante ‘tarta de zanahoria’, que me acuerda de una broma que oí una vez en Bélgica, tiene un imagen idílico y una historia muy triste, muy ‘real’, ‘posible’ – lo que generalmente no es mi género de lectura – pero sí me gusta el estilo de escribir. También estoy envidiosa con el diseño del blog entero, clásico y que acuerda al scrapbooking, algo que me gusta hacer cuando sé qué precisamente hacer…

Capítulo 1: En el Principio (+ Deber ‘Pie Forzado’)

El siguiente deber era colgar un fragmento de escritura en el blog que contuviera una de una serie de citas de personas famosas – incluso Stephen Hawking y Dostoyevski. Soy muy tarde con esto, creo, y probablemente por eso voy a empezar a tener problemas con mis grados… Pero aparentemente se había dicho en la clase que no iba a haber más clases el lunes y también que teníamos que hacer esto, y aparentemente yo no he podido seguir. Bueno, excusas excusas… También es que siempre no sabía qué hacer con este historia, o si no iba a usar ésta, qué iba a hacer – he tentado desarrollar otros porque esto era demasiada complicada.
Finalmente, he encontrado un fin para la historia original, y entonces he decidido que esa era la que iba a usar, y luego he escrito rigorosamente por dos días para terminar este capítulo, CON la cita que podía usar. Quiero añadir también que en esta versión de la historia, el prólogo que había colgado antes ya no figura – era el asunto del velo que era tanto demasiado complicado, que yo misma todavía no puedo resolver. Entonces ahora, este es el primer capítulo. Tengo 8 previstos ahora.
Vamos.

En el principio

No recuerdo mucho antes de que conocí a Javier. Ni siquiera recuerdo la cara de mi madre – solo ideas. Sé que tenía el pelo muy largo y ondulado, y tan oscuro como la corteza del alno negro. Cuando la imagino siempre tiene ojos del verde profundo pero reluciente de una hoja de haya, su árbol. Sus brazos eran suaves y cálidos, sus manos fuertes y graciosas. No me acuerdo de su sonrisa. Dioses, cómo me alegraría acordarme de su sonrisa.
Pero mi madre está muerta. Eso lo sé bien; lo vi ocurrir. Era en una pieza llena de gente. No humanos, gente cómo nosotros. Gente más que humano. No recuerdo los rostros, todas las especies – había muchísimas. Todos me atemorizaban. Y en el centro del cuarto estaba mi madre, todo en blanco. Me miró con ojos muy tristes. Luego, de repente, había un hombre enfrente de ella, y yo no podía ver qué pasó. Cada persona en el espacio se abalanzaba sobre el hombre. Mi madre se cayó, su vestido ensuciada de rojo. Aterida de miedo, miraba como el hombre luchó por su vida, una lucha perdida por definición. Por un solo instante vi sus ojos sobre mí.
Brillaban con una luz de plata.
Me giré y comencé a correr. No recuerdo pasar por el resto de la casa, o por calles, nada. Solo sé que al fin me encontré en un bosque que no conocía pero que me susurró, me calmó. Me dirijó con la sopla del viento hasta un río y sin pensar, salté en el agua y permití que el corriente me trayera a cualquier lugar que no fuera aquí. Tenía 10 años y había justo perdido mi madre, la única persona que conocía. Era tonto y no me importaba.

Por los dos años siguientes vagué a la ventura, nunca sabiendo dónde estaba, apenas entendiendo la lengua que hablaba la poca gente que oí. Para sobrevivir miraba casas esperando hasta que todos los habitantes se habían ido a la escuela o al trabajo, y entonces entraba – podía hacerlo hasta por una ventana del segundo piso, soy muy bien en escalar – y tomaba de la casa bastante comida para sostenerme por algunos días pero tan poco que los habitantes no se dieran cuenta.
Hasta que lo intenté en la casa de Javier. Él es algo que llamamos ‘nattvarg’, una palabra sueca que significa ‘lobo de la noche’. Nattvargar – eso es el plural – son de Scandinavia, dónde en otra época tenían una comunidad como las dríades. Son la razón de que los verdaderos lobos tienen mala fama. El lobo feroz que comió a la Caperucita Roja no era lobo; es de todos conocido que los nattvargar no le hacen ascos a un niño de vez en cuando. Además, tienen muy buena nariz. De modo que cuando Javier volvió en su casa, me olió enseguida y me siguió en el bosque dónde me ocultaba en una vieja guarida de zorros.
Los árboles me previnieron y justo a tiempo me huí en la copa del más próximo, un roble anciano que me dirigió al oueste dónde dijo que había un río pequeño. Corrí por las ramas lo más rápidamente posible mientras el hombre lobo algunos metros abajo me seguía y me gritaba palabras que no comprendía. Pero un abedul por el que pasé me agarró de improviso y caí… caí al suelo. Instinctivamente tanteé a mi alrededor pero no encontraba nada que pudiera salvarme. Cuando llegué la tierra intenté de darme la vuelta para dividir la fuerza del choque pero de nada sirvió; sentí un dolor agudo en la pierna derecha y otro en el pie izquierdo. Oí el crujido. De cualquier modo, yo no iba a correr más.
Vi al hombre aprovecharme y intenté arrastrarme hacia atrás pero el dolor me incapacitaba. Él se arrodilló a mi lado y me habló en su lengua que yo no conocía; me hizo preguntas pero yo me negué a hacer un sonido. Después de un rato lo abandonó, tomó su móvil y llamó a alguien, y lo siguiente que sabía era que unos hombres – humanos – aparecieron entre los árboles. Me metieron sobre un especie de cama portátil, cualquier cosa que hiciera para detenerlos, y me llevaron fuera del bosque y dentro de algo que podía vagamente designar como ‘coche’ y de lo que ahora sé que se llama ambulancia. En este momento, me moría de miedo. Seguía luchando contra los cintos que me tenían cautiva tan vehemente que al fin me pusieron una inyección y me dormí.

Seis semanas tuve que quedarme en el hospital, con las dos piernas escayoladas – la una hasta debajo de la rodilla, la otra más allá. Me guardaron dos policías delante de la puerta, y no podía abrir las ventanas. Además, estaba en el quinto piso. Odio a hospitales; el olor de alcohol, las enfermeras y los médicos y los visitores pasando todo el día con sus zapatos chillandos en el suelo linóleo. Cada día a la una me vino a visitar una mujer con el pelo obviamente teñido un rojo antinatural atado en una cola de caballo y con una sonrisa mecánica, pidiéndome si quería dibujar lo que había visto en el bosque – yo dibujaba árboles – o si podíamos jugar con las muñecas que había llevado para mí – yo los envolvía las piernas con papel higiénico y los metía en la cama conmigo. Nunca hice un sonido o hablé una palabra. Iba aprendiendo más de la lengua – algunas veces la mujer llevaba ‘una amiga’ que trataba hablarme en otra lengua, pero no respondí a estas tampoco, y finalmente entendieron que no hablaba porque no quería hablar.
La primera semana, el hombre del bosque vino a visitarme también, aunque se veía como no estaba seguro que fuera buena cosa de hacer. Traía un racimo de uvas. Los policías a la puerta le preguntaron quién era, si era familia. Él dijo que se llamaba Javier Durán Braun y que no era familia, pero que era la persona que me había encontrado. Los policías se negaron de admitirle. Éso era lo único que yo entendía, que no le admitiron. A mí me parecía muy bien; estaba en un hospital y rodeada de gente, sí, pero los nattvargar no eran afamados por ocuparse de daños colaterales. No se me ocurrió que después de dos o tres días solían apaciguarse – no era un trol – o que si todavía quería matarme, por qué había traído las uvas. Este lobo me hizo miedo.
Era en las noches, cuando no podía dormir por el catéter del suero y el olor, los sonidos de otra gente. Estaba en la sección infantil, y siempre había enfermeras corriendo aquí y allí para responder a los llamados de los niños, o simplemente para controlarles. Cuando venían a controlarme a mí, yo me acostaba rapidamente y apenas me atrevía suspirar. Sé que debo de haber dormido un poco, porque a veces me abrí los ojos y las agujas del reloj estaban en diferentes lugares. Pero la mayoría del tiempo estaba despierta y lo único que pudiera hacer era pensar. Entonces pensaba; en mi madre, de la que mis memorias se estaban goteando fuera de mi alcance; al hombre con los ojos de plata y las otras criaturas que debían de estar buscándome. En los policías delante de la puerta y cómo escaparme sin alarmarlos, en una estancia con ventanas enrejadas. Y en el hombre lobo, el maldito que era la causa de que estaba aquí – en estas noches deseaba que me había comido, de modo que no hubiera estos problemas. Me enfadaba, y lloraba, y me enfadaba de nuevo – y luego me preguntaba por qué había volvido.
No se había visto enfadado. De hecho, se había visto muy incómodo, incluso temoroso. Y ¿por qué los policías no le habían dejado entrar? Desde su punto de vista, este hombre me había salvado, ¿no? Si solo sabía hablar con alguien… preguntar qué estaba pasando. Pero el problema era más que la lengua. Era que no podía hablar; si dijera una palabra equivocada, las criaturas me podrían encontrar.
Pero el lobo volvió cada día, preguntándoles a los policías si ya podía entrar – aprendí a reconocer esta pregunta. Una vez les dió algo, con unas palabras. Los policías le miraron, se miraron el uno al otro, y después me miraron a mí. Luego el policía que tenía el objeto lo puso sobre una silla al lado de la puerta, le dijo algo al lobo y él se fue.
Cuando la mujer falsa vino el día siguiente, me mostró una pequeña mascota de peluche; era un perrito, y se vió muy suave. Quise tomarlo, pero la mujer lo retiró.
“¿Puedes decirme qué es esto?” Preguntó.
Le eché una de esas miradas que se reservan para los idiotas de cuarta categoría. Ella me sonrió.
“¿Sabes qué quiere decir este perrito? ¡Guau, guau! Dígale ‘hola’ al perrito, ven.”
Me acosté y me tiré la sábana por encima de mi cabeza.
La mujer tentó algunas cosas para hacerme entenderle, y luego se cayó el silencio. No sabía si era porque ella quisiera tomarme el pelo o porque se hubiera ido; no la había entendido salir. Al fin miré con un ojo a través del ribete de la sábana.
Allí estaba el lobo de nuevo – Javier. Él estaba disputando con los policías y le echó miradas a la mujer frecuentamente. Ella misma le miró calmamente y con algo más en la cara… ¿podía ser asco? Pero, ¿qué…?
Al fin examiné a la mujer y a Javier y hice una decisión. Salí de la cama, tomando el soporte del suero y arrastrándolo conmigo en la dirección de la puerta para guardar mi equilibrio sobre mis piernas escayoladas. La mujer se posicionó frente a mi y se puso en cuclillas para hablarme.
“Y ¿qué vamos a hacer? ¿Darnos un paseo?”
En este momento odié a esta sonrisa falsa. Tenté de ir alrededor, pero la pieza no era tan grande y ella simplemente se movió.
Entonces miré a la puerta de vidrio, ignorando a la mujer, y vi que los policías y Javier estuvieron siguiendo con los ojos todo que pasó aquí. Yo siempre me negé a hablar, pero podía hacerles entender de otra manera: extendí una mano a Javier.
La mujer estaba perpleja, pero solo por un instante.
“¿Qué es, cariño? Dímelo. Este hombre te ha dañado?”
La mirada que la di entonces era primero una de incomprensión y terminaba por ser una de disgusto. ¿Esto era? ¿La razón por qué no le habían admitido a Javier dentro de mi estancia, por qué la mujer quería saber ‘qué había visto en el bosque’? La gente no creía que Javier me había salvado – y sea como sea, no me había comido – sino que él era la razón que yo había estado en este bosque.
Me di cuenta de que había bajado el brazo; lo extendí de nuevo a la puerta y, por mi desprecio por estos humanos tan estúpidos y ciegos, me permití a decir una palabra.
“Javier.”
Por algunos momentos, nada pasó. Entonces uno de los policías abrió la puerta hasta que podía insertar su cabeza en la estancia y dijo:
“Doctor, creo que la niña no tiene problemas con el hombre.”
La mujer doctor no quería permitirlo, pero yo seguí haciendo la misma gestión cada vez que vino Javier y a diciendo su nombre, hasta que al fin, los policías le dejaron entrar y la mujer no hizo nada. Siempre no hablaba yo, pero él me contaba de si mismo y con mis expresiones le daba a entender cuando no entendí, y de este modo yo aprendía el español. Pasado cinco semanas y media, sobraron tres días antes de que me iban a poner en una familia sustituta.
Javier entró con una carpeta en las manos y se vio nervioso. Como siempre se sentó en la silla al lado de la cama. Me miró, divirtió los ojos a su carpeta, suspiró y me miró de nuevo, buscando palabras.
“Bueno, Isa…” – me había empezado a llamar Isa porque la dama doctor me había llamado Lisa y ella no me gustaba nada – “Quiero… preguntarte algo. No tienes que decidir al instante, es algo… bastante grande por decidir al instante, pero… considéralo.”
Me fruncí el ceño por incomprensión y él, casi automáticamente, empezó a repetir las palabras difíciles en su frase. Como le era bastante fácil, creí que la había memorizado. Pero yo sacudí la cabeza con cada palabra, de modo que entendió que era el contenido de la frase que no entendía, entonces continuó.
“Isa, yo tengo una casa… bueno, es normal que tenga casa, pero el asunto es… a veces mi casa me aparece un poco… demasiado grande para mí…”
Se volvió a parar cuando vió mi expresión – media incomprensión, pero ahora también media divertimiento.
“¡Te estás riendo de mí!” Exclamo, sonriendo mismo también. “Bueno, yo quiero adoptarte y tú simplemente te ríes de mí, cachorra.”
Oyendo ésto, yo dejé de reir. Hay algunas palabras tan internacionales que no necesitan explicación. Ojos grandes, le miré, y no tenía idea cómo reaccionar.

Javier misinterpretó mi expresión.
“Vale, vale, no tengas miedo, niña. Si no quieres, bien. Te van a poner en una familia normal, probablemente de gente normal, y nunca volverás a verme. Solo era una idea.”
se miró los manos, vio la carpeta y la echó sobre el suelo. Por un rato ambos no sabíamos qué hacer o decir, él considerándose estúpido por haber intentado, yo tratando de pensar lógicamente.
Javier quería adoptarme. No sabía por qué, qué le había dado la idea, pero sabía muy bien ahora que no iba a hacerme daño. En este hospital era muy difícil hablar sobre asuntos de criaturas, pero me había hecho entender que él era miembro de ‘otro iglesia completamente’, suprimiendo la fiera en sí, asimilado en la comunidad de los humanos. Siempre había Cazadores, dijo, y él no quería problemas con ellos.
Pero lo que él no sabía – me lo había preguntado algunas veces, pero yo todavía no hablaba – era que yo era ninfa, un espíritu del bosque. Necesitaba libertad, el abrazo de los árboles, viajando, como mi madre…
Mi madre. Esta mujer que yo apenas recordaba, ya en este tiempo; que me había arrastrado de un país al otro, nunca quedándonos en ningún lugar por más de dos semanas, de lo que se quedaba de este tiempo en mi mente. Dos años son mucho tiempo si empiezes a diez; tenía doce ahora, y era otra persona por completo.
Las malas criaturas – no sabía nada sobre ellos fuera de esto – me estaban buscando. Yo no sabía dónde eran ellos, ni dónde era yo, pero ellos iban buscándome como siempre le habían buscado a mi madre. Eso era por qué siempre habíamos huído; porque estabamos cazadas.
Yo no podía vivir en una familia humana, o mismo una familia de criaturas que no conocí. Podía escaparme, por supuesto… Pero por otra parte, aunque había odiado este mes y media en este hospital… de cierta manera habían algunas cosas buenas, también. La cama, por ejemplo; estar cierto de dormir en una cama cada noche, de tener comida cada día. No tener que robar casas de gente extránea; no me gustaba tener que hacer esto, pero era la única manera que había encontrado…
Ya no quería huir. No quería tener que abandonar todo lo que había encontrado en un lugar porque me podían encontrar mis enemigos. También, la única cosa que ellos nunca expectarieran que yo hiciera, era quedarme en un lugar. Ya no quería esta vida, la vida de mi madre. No quería ser la cierva cazada.
Quería un hogar. Certidumbre. Calor. Y no iba a soportar a unos extranjeros diciéndome qué hacer.
Salí de la cama y recogí la carpeta. La puse en las manos de Javier.
“Sí.”

En películas siempre ves cómo hay problemas cuando un niño va a vivir con nueva gente. Sea porque sea huérfano con padres adoptivos o con familia que nunca ha visto, sea incluso que el niño nunca haya visto al uno de sus padres hasta que el otro muera… Y por supuesto hay problemas, es frustrante e incómodo, dos personas con dos carácteres completamente diferentes que tienen que aprender a vivir juntos. En las películas también, es muchas veces contra la voluntad del niño…
No voy a decir que nosotros no teníamos problemas. Ha habido dificuldades – pruebas, si esta palabra te parece más apropiado, o más poético – hemos sido enfadados como tormentas, los dos hemos tenido miedo, sentido tristeza, y ambos hemos tenido momentos en que maldijéramos el momento en que nos había aparecido tan buena idea (o mejor que cualquier otro que pudieramos inventar) que él me adoptara. Pero ésto es en el pasado, y no importa para la historia. Solo quiero que sabes esto: no pasó en un día, en realidad duró algunos años – tres, cuatro, no sé – pero llegamos a este punto en que, aunque nunca le llamé padre, estabamos cómodos juntos. Él tenía su vida – sus amigos, sus hábitos, sus reglas de la casa, después de algunos años empezó a tomar clases de violín – y yo construí una vida mía, con algunos amigos no tan íntimos, muchas visitas al bosque y también con mi pasatiempo de mirar a una persona – no verdaderamente espiar sino vigilar con rigor – por una semana para ver si era humano u no, y si no, qué era. Después de la semana, me fijé en otra persona.
Resumiendo: nos adaptamos el uno al otro, y después de 7 años habíamos sufrido algunos fracasos, celebrado algunas éxitos juntos, habíamos encontrado los lados hermosos y no tan hermosos del otro, y habíamos pasado a un entender mutual. Vivíamos de cualquier manera como un padre y su hija.
Y aquí empieza la verdadera historia.

Disyuntiva – Juana Castro

Como no he podido asistir a la clase del miercoles 31/10, cuando nos honró con una visita la poeta Cordobesa Juana Castro, he buscado una de sus poemas y escrito un pequeño comentario sobre ella.

Disyuntiva – Juana Castro
La tentación se llama amor
o chocolate.
Es mala la adicción.
Sin paliativos.
Si algún médico, demonio o alquimista
supiera de mi mal
cosa sería
de andar toda la vida por curarme.
Pues tan sólo una droga,
con su cárcel
del olvido me salva de la otra.
Y así, una vez más, es el conflicto:
O me come el amor,
o me muero esta noche de bombones.

De Alada mía, Córdoba 1996

Las poemas de la Señora Castro son más ligeras de las de la Señora González; se tratan de cosas en la vida de una mujer, alegres, tristes y dolorosos. Algunas poemas no entiendo, pero he reconocido temas como por ejemplo estar encinta, la flor de magnolio, la diferencia entre hombre y mujer, y lo más, el amor – los buenos lados y los malos.
Ésta poema explica en una manera bastante seria para ser burlesca, la dificultad de elegir entre ser consumado por el amor, o comerse bombones hasta que duele para vencer la tristeza de amor. Ambos, amor y chocolate, se ven popularmente como cosas que facilmente se hacen adicción de la que es bastante difícil arrastrarse. Lo que a mí me gusta es que en toda la poema no sabes muy bien de lo que habla la poeta – no puede ser serio, con palabras como demonio, alquimista, droga y cárcel, que la escritora habla de chocolate? Pero en las ultimas líneas, para mí al menos (quizás yo simplemente soy lenta en entender), se aclara que es una broma: nadie se muere de bombones, pero comparado con el amor roto – al menos ésto es lo que he aprendido de las películas de Hollywood – ésto podría aparecer mejora solución.

Fuentes:
http://amediavoz.com/castrojuana.htm
http://solienses.blogspot.com.es/2010/07/7-solienses-y-7-juana-castro-poeta.html
http://maxicadena.blogspot.com.es/2008/04/la-vida-es-como-una-caja-de-bombones.html